El Rito Francés es el resultado de una suma de palabras maduradas y de signos seguros, de fidelidad y de adaptaciones. Es el eje vertebral de nuestra visión humanista. Llegado hasta nosotros de un fondo gestual inmemorial, de una afirmación fecunda a través del Siglo de las Luces, de experiencias históricas continuas, su comunidad de destino con nuestra Masonería - la de un humanismo de combate - es plena. Es por eso que, hoy, sus debates y sus emociones reflejan siempre una mirada hacia el futuro. ¿Dónde va, a dónde vamos?
El RITO FRANCÉS DEL GRAN ORIENTE DE FRANCIA, se define por su título: es el rito oficial del Gran Oriente de Francia y esto desde su fundación o, para ser más preciso, después del largo proceso de consulta – el Convento de los Filaleteos lo demuestra - en el que la institución de la que somos los herederos decidió regular los usos masónicos. La expresión “Rito francés” aparece en una deliberación de la Cámara de Administración de 25 de diciembre de 1799, justo después de que La Gran Logia de Clermont se hubiera refundido con el Gran Oriente, en la que se habla de la constitución de una Logia en Nueva York “bajo el Rito Francés”. “Francés” podría utilizarse aquí sólo en un sentido funcional, como un modo de señalarse o de subrayar los orígenes. No obstante podemos encontrar la siguiente afirmación en el Ritual de aprendiz de 1785: “Otro punto no menos importante, es la uniformidad desde hace tiempo deseada en la manera de proceder a la iniciación. Animado por estos principios el Gran Oriente de Francia se preocupó por fin de establecer un protocolo de iniciación a los tres primeros grados simbólicos. Él ha creído que es su deber devolver la Masonería a los antiguos usos que algunos innovadores han tratado de alterar, y restablecer sus primeras e importantes iniciaciones a su antigua y respetable pureza. Las Logias de su correspondencia deben conformarse a ellos punto por punto con el fin de no ofrecer más a los masones viajeros una diversidad tan escandalosa como contraria a los verdaderos principios de la Masonería.”
Este texto muestra bien claramente que se trata de establecer una lengua común entre los Francmasones y esta preocupación se percibe igualmente en las Órdenes de Sabiduría, formalizadas por Roettiers de Montalau, que en el artículo 29 de los Estatutos y los reglamentos generales precisa que la V Orden “comprenderá todos los grados físicos y metafísicos de todos los sistemas”. De esta manera, todos los grados se agrupan y los grados “azules” se vinculan a los de “sabiduría”. Esta exigencia fue confirmada el 17 de febrero de 1786 cuando Gran Oriente y Gran Capítulo General se reunieron. Hoy podemos medir “Las consecuencias de esta iniciativa que no fue ni siquiera la de un hombre, sino de una masonería que salía del Antiguo Régimen; un nuevo soplo animará a partir de entonces a una Orden que, tomando nota de la Revolución y asumiendo todas sus consecuencias, garantizará la unidad de la masonería francesa.
En el espíritu de las Constituciones de Anderson, el Gran Oriente reúne todos los Ritos (el Gran Capítulo Metropolitano cuenta 81 en 1787) y entrega a quienes hemos venido más tarde esta riqueza patrimonial. ¡Nuestra preocupación es no excluir ninguno, ni mezclarlos unos con los otros, porque cada uno tiene su historia, pero, revisándolos, captando su esencia, inventar las Catedrales del Futuro!

