La rápida presentación de las cualidades y de la originalidad del Rito francés en su movimiento tres veces secular, esbozada en el número precedente de Joaben, nos ha permitido rememorar las circunstancias de su nacimiento y los puntos fuertes de su identidad. Nos ha permitido recordar en primer lugar hasta qué punto nuestro rito fue modelado por trazas venidas del mundo operativo y cuánto, sobre esta impresión, permaneció fiel a sus condiciones y a su proyecto de nacimiento que lo convierten, en suma, en la primera tentativa de equilibrio entre espiritualidad libre y racionalidad científica.
Un conservatorio extraordinario de los usos más antiguos de la Masonería
Es, en este sentido, un conservatorio extraordinario de los usos más antiguos de la Masonería, en sus formas y en su filosofía. Esta presentación nos ha dado además la ocasión de recordar que el Rito francés es inherente al proyecto innovador del siglo XVIII, que nosotros asumimos siempre como herederos orgullosos de la Ilustración, y a la afirmación de un conjunto de valores republicanos en el corazón de los cuales colocó sus esperanzas y sus combates. Fue y es, en esto, factor de progreso. Desde entonces, este rito permanece comprometido en una búsqueda de equilibrio entre tradiciones y modernidad. Esta manera de perdurar entre la raigambre y la continua marcha de constructores, este modo de ser notarios de la Historia y, sin embargo, inmersos en una utopía que coloca al hombre en el centro de todo, explica su manera precisa de resonar, en cada época, conforme a su tiempo. Es ahí dónde reside su fuerza: viene del pasado y tiende hacia el porvenir.
¿Que haremos mañana?
_ Este reencuentro entre un fondo operativo y un proyecto filosófico es una base tan rica que se consideró caballeresca. Puerilidades nobiliarias, o nostalgia de una Edad de Oro para burgueses venidos a menos, si se quiere, pero también puesta en escena ritual, como todo, en el teatro de la vida, para intentar dar a la libertad y a la soledad humanas un espacio y una vía. Paralelamente, los combates ciudadanos no han parado de interrogarle sobre su pertinencia y su eficacia como medio de mejoramiento del hombre y de la sociedad. Estas interrogantes, como esta puesta en causa, son indispensables y benéficas. Es gracias a ellas, después de todo, que seguirá estando al servicio de un humanismo iniciático.
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